Zaragoza es el paradigma del nuevo tipo de guerra popular (no sólo
hay ejércitos, también hay un pueblo en armas) que supone
la Guerra de la Independencia. Zaragoza se eleva a la condición
de mito nacional e internacional de un pueblo en lucha con el invasor,
pero también es un microcosmos de la realidad española de
comienzos del XIX. De la tensión entre reacción y revolución,
entre modernidad y Antiguo Régimen, así como uno de los
elementos de conformación de la creación cultural de la
idea de España como nación. A partir de 1808 puede hablarse
en España de la existencia de una idea nacional al menos entre
las élites. Y ello fue obra indiscutible de los liberales y el
método fue lanzar la idea revolucionaria de la nación como
titular de la soberanía. Como, ante una monarquía desaparecida,
una aristocracia difuminada o un clero, muchas veces colaboracionista,
el pueblo se alza con la fuerza moral de la nación.
El mito nacional, en cuya conformación el ejemplo de Los Sitios
de Zaragoza resulta recurrente, resultó movilizador y efectivo.
Zaragoza es un elemento decisivo para construirlo, como lo es el Dos de
Mayo o como lo es el bando de Móstoles, para la creación
cultural del sentimiento español.
Zaragoza fue - más que un lugar, más que un hecho de armas
-, una idea, un grito de LIBERTAD, que todavía hoy sobrevuela el
alma de una ciudad, que se ve reflejada en personas y epopeyas con las
que se identifica, con una fuerza tal que perdura, aunque difuminada,
doscientos años después.
En palabras de Galdós referidas a Los Sitios “caerán
las tejas al fondo de los pozos;... pero entre los escombros y entre los
muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no
se rinde”.
Doscientos años después, tenemos que hacer que el mito hable. Doscientos años después el mito habla y nos cuenta, muy bajito, que los retos actuales de la nación son la convivencia pacífica, la sostenibilidad, la educación, la integración de los inmigrantes, la propia autoestima...
Doscientos años después, como en Zaragoza, unidos el mito nos cuenta que, para tener éxito, los retos del futuro los debemos afrontar juntos.
Doscientos años después, pretendemos que Zaragoza siga siendo una idea.
Una ciudad que hoy, entre los nervios de las obras de ingeniería, de los grandes proyectos de modernización que conlleva la Expo, en medio de nuestras confiadas calles, nos dice que “no se rinde” y que encuentra en su pasado una justificación de su carácter y personalidad de hoy y que la hace única e irrepetible, solidaria con la historia y el futuro de esta gran empresa que es Zaragoza y Aragón
Juan Alberto Belloch Julbe. Alcalde de Zaragoza.