La situación internacional
Los sucesos de 1808 en España, particularmente la lucha contra el francés,
forman parte de un conflicto más amplio a nivel europeo que comenzó con
los estertores del Antiguo Régimen, esto es, con el enfrentamiento de
las monarquías absolutas europeas que, ante la ejecución de Luis XVI y
María Antonieta en enero de 1793, se coaligaron contra la Revolución Francesa
que amenazaba así su propia existencia.
Pese a la presión internacional, la República francesa resistió y, aunque
pasado el Terror, el Directorio surgido del 4 de Brumario del año IV (26
de octubre de 1795) pusiera en evidencia el fracaso del estado liberal
y la emergencia de la figura de Napoleón Bonaparte, nada podría romper
la continuidad de la Revolución
Napoleón, tras el golpe del 18 de Brumario (9 de noviembre de 1799), consolidó
su poder personal al mismo tiempo que se lanzaba a la guerra: durante
casi quince años llevará sus ejércitos por toda Europa acabando uno a
uno con los antiguos enemigos de la Revolución. La Guerra de la Independencia
no es más que un episodio, pues, de este vasto conflicto. El miedo a la
Revolución y la ejecución del rey francés, primo del español, indignó
al gobierno, pero también al pueblo, sometido a una poderosa manipulación.
España se lanzó a una guerra entusiasta contra la República francesa durante
los años 1793 a 1795 que, pese a todo, no deja de ser algo excepcional
en la relación de casi un siglo con nuestros vecinos, arropada en los
llamados Pactos de familia. Después de un comienzo victorioso, poco a
poco los franceses fueron infligiendo a los españoles una serie de reveses
que les llevaron a la firma de paz de Basilea en 1795.
La firma de este tratado irritó sin embargo a Inglaterra que comenzó a
atacar a los navíos españoles y el joven primer ministro Godoy tendió
a apuntalar su cada vez más complicada situación en el interior del país
con una alianza con el poderoso vecino francés. Surgió el tratado de S.
Ildefonso, de 1796, que nos abocaba a un enfrentamiento activo, sobre
todo en el terreno naval, con la Gran Bretaña, siguiendo por un lado la
política tradicional de la corona española y, por otro, los intereses
políticos del Directorio republicano primero y ya, desde 1804, de Napoleón
ya convertido en emperador.
Cada vez más a la sombra francesa, en 1807 la firma del tratado de Fontainebleau
entre Carlos IV y Napoleón significaba ni más ni menos que la entrada
de tropas francesas en España con el objeto de cruzarla para entrar en
Portugal y acabar con este aliado del Imperio Británico. A Godoy se le
asignaban los territorios meridionales del Algarve y el Alemtejo. A partir
de octubre de 1807, pues, los contingentes militares franceses fueron
penetrando en España sin levantar más que la curiosidad de los indígenas
ante aquella formidable máquina de guerra.
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Las raíces del conflicto" Herminio Lafoz ![]()