Al finalizar el siglo XVIII la Revolución Francesa daba la impresión
de haberse asentado, como el viraje conservador del 18 Brumario de 1799
parecía confirmar, pero la década transcurrida desde su inicio había dejado
huellas profundas sobre la sociedad europea. Una sociedad diversa (diversos
estados, con diversos regímenes políticos y desigual grado de desarrollo)
cuyos gobernantes reaccionaban casi unánimemente contra el virus francés,
mientras los gobernados oscilaban entre el apoyo y el rechazo a las ideas
que venían de una Francia que se había engrandecido hasta alcanzar y aun
sobrepasar los límites naturales. Sobre los territorios de esta "Grande
Nation" y sobre sus Repúblicas hermanas, también se reproducían actitudes
similares de adhesión y rechazo.
Leer más: "Entre la Revolución y el Imperio. Europa al final
del siglo XVIII" del libro Guerra y Paz en Europa 1799-1815
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