El principal detonante de la crisis colonial en hispanoamérica fue la
crisis institucional surgida en la metrópoli cuando Napoleón Bonaparte
logró la abdicación de Carlos IV en favor Fernando VII y de este último
en favor de los Bonaparte, quedando José Bonaparte como el nuevo rey de
España y sus colonias.
Esta crisis institucional y la consecuente invasión de España por el ejército
napoleónico, propició la creación de juntas fernandistas en varias ciudades
del territorio español. Muchas de estas juntas fernandistas en América
escondían a líderes autonomistas o claramente independentistas.
Si bien la crisis institucional en España fue un detonante, estas fueron
en últimas la oportunidad esperada por varios líderes autonomistas e independentistas.
Desde inicios de la colonia, pero especialmente desde que los borbones
asumieron el trono de España, la administración de las colonias estaba
centrada por las personas que tuvieran influencia en las cortes españolas
y en la casa de contratación de Sevilla, posición que no favorecía a los
súbditos nacidos en América.
El rey Carlos III, como un típico déspota ilustrado de la época, fomentó
las artes y permitió un gran influjo de las ideas de la ilustración en
América, mientras que ejercía un poder político fuerte. Carlos III apoyó
a las colonias inglesas en su guerra de independencia, comprometiendo
el fisco y promoviendo la imposición de nuevos tributos destinados a subvencionar
la defensa de los intereses españoles en el Caribe. Estos hechos provocaron
en los años 1780 un rompimiento de la pax hispanica que había regido a
las colonias españolas desde su creación. La Insurrección de los comuneros
en la Nueva Granada y la sublevación de Túpac Amaru en el Perú evidencian
esta nueva realidad.
Carlos IV no se caracterizó por su férreo control del poder. Más interesado
en las ciencias dejó la política en manos de sus ministros quienes, especialmente
en el caso de Godoy, promovieron reformas liberales en muchos aspectos
sociales mientras relegaba cada vez más a las colonias y a los súbditos
en las colonias como súbditos de segunda.
La persecución sufrida por personajes como Antonio Nariño, quien había
traducido la declaración de derechos humanos para distribuirla en Santa
Fe y el poco caso hecho a Camilo Torres quien había publicado una serie
de cartas agrupadas como el Memorial de Agravios, aumentaron el descontento
de los criollos en materia política.
Por otro lado, España imponía una serie de restricciones comerciales en
las colonias, las cuales no podían comerciar entre sí y mucho menos comerciar
con otras naciones como el Reino Unido o los Estados Unidos. Todas las
relaciones comerciales eran decididas desde España.
El influjo de ideas liberales y las restricciones políticas y comerciales,
crearon el descontento que fue catalizado por la crisis institucional
española de 1809.