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Contexto Histórico

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Los Sitios en la Memoria

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“La antiquísima ciudad de Zaragoza, celebre en la historia nacional desde César hasta nuestros días, estaba destinada en los años 1808 y 1809 a llenar al mundo de asombro con su resistencia á Napoleón, elevándose al primer lugar en el rango de los pueblos heroicos, y no dejando a la mayor parte de los demás otra  satisfacción que la de disputarse con sus proezas el segundo.
Cuando Augusto, al reedificarla y darle su nombre le dio también el titulo de Colonia inmune y la hizo Convento jurídico, poblóla con soldados de sus legiones cual si   quisiera convertirla en depósito  del valor y de la disciplina que distinguió a aquel gran pueblo; y erigió, en ella dos templos, dedicado uno a la diosa Flora, cuya divinidad no se desdeñaría de habitarle, y consagrado el otro a la fortuna, como para indicar la mucha que había de caberle en la gloria.”

Miguel Agustín Príncipe y Vidaud, 1852

A comienzos de 1800, los zaragozanos, como prácticamente el resto de los españoles, estaban sometidos a unas alzas incontenibles de los  precios en los productos básicos, a un gobierno déspota donde la corrupción y las intrigas palaciegas hacían que su futuro pendiese de un hilo. En 1808 ese mismo gobierno permite la invasión francesa y el fin de la monarquía española usurpada por Napoleón quien nombra rey de España y sus colonias a su hermano José Bonaparte.

Nadie, en mayo de 1808, sabía en Zaragoza que acabaría capitulando tras dos sitios en los que la guerra y el tifus dejarían su población en la mitad y seis mil cadáveres en la calle.

A las puertas de la invasión francesa y al grito de “No, a la fuerza” los zaragozanos se arman, buscan un jefe y son ayudados por numerosas gentes de los alrededores, no era una ciudad fortificada, sabían que ellos serían los muros, sabían “que no había otra”.
Y decidieron defender sus ideas, sus hijos, sus casas, su forma de vida, en fin, su ciudad, con una decisión y arrojo que han llenado páginas de la historia y de la literatura universal, siendo ejemplo imborrable

De aquel momento y en este Bicentenario es necesario recuperar aquella decisión, aquella fuerza y aquel convencimiento porque también hoy sabemos “que no hay otra” que esta ciudad está llena de gentes luchadoras, profesionales modélicos en la realización de sus trabajos, arquitectos, pintores, actores, escritores, periodistas, comerciantes, restauradores, médicos, deportistas, que son los que conforman esta ciudad, Zaragoza hoy es una ciudad abierta y es necesario defenderla.
No es fácil, nadie ha dicho que lo sea pero es posible y seguramente necesario, porque “Ayer hoy y siempre a Zaragoza la defiende su gente”

Y la ciudad nos lo recuerda en sus calles y sus  monumentos, pasear por Zaragoza, conocer sus historia reciente, nos hace sentirnos orgullosos  de lo que , si queremos, somos capaces de hacer.