El primer sitio. Crónica heróica de tres meses de asedio.
Tras un espeso bombardeo acompañado de nutrida fusilería, iniciado a las
trece horas del día 15 de junio, una hora más tarde dos columnas francesas
se dirigieron bajo tal cobertura de fuego para romper las defensas de
los tres puntos por los que se quería acceder rápidamente a Zaragoza:
el Portillo, la puerta del Carmen y la puerta de Santa Engracia, que cubrían
los accesos occidentales; y en media hora, las puertas habían quedado
allanadas. Pero la primera columna que entró por la puerta del Carmen,
fue destrozada por los defensores antes de llegar a la Casa de Misericordia.
La caballería polaca, que logró franquear las resistencias, fue diezmada
en su marcha hacia la plaza del Portillo, donde fueron víctimas de la
imprevista y determinante acción de un grupo de mujeres que les atacó
con armas blancas. Otro grupo de asaltantes, que logró romper las defensas
del cuartel de Caballería, determinó a sus defensores a proceder a su
incendio, siendo desalojados. La resistencia en la puerta de Santa Engracia
estuvo mejor trabada y los que lograron saltar en su ofensiva las tapias
de la huerta del convento, fueron eliminados o detenidos.
La retirada de los franceses fue seguida de una carga dada por los defensores
a los diezmados batallones, único momento de la jornada en que los zaragozanos
se batieron en campo abierto. La desbandada fue tal que la caballería
no paró hasta alcanzar las proximidades de Santa Fe.
Los resultados de tan imprevista resistencia y sorprendente reacción,
a lo largo de una batalla que había durado siete horas, se tradujeron
en la pérdida de 700 hombres por parte de los franceses y unos 300, entre
muertos y heridos de los defensores de Zaragoza. Las águilas imperiales
se habían humillado en Zaragoza y sus defensores habían recuperado la
moral y la esperanza de victoria.
La noticia de la victoriosa jornada vivida en Zaragoza, llevó al general
Palafox a ordenar a su hermano, el marqués de Lazán, que regresase a la
ciudad, asumiese el mando delegado de su persona y procediese a organizar
la resistencia mientras él, desde Belchite, aglutinaba a cuantos voluntarios
o desertores de los cuerpos de ejército del Centro se habían desplazado,
con objeto de formar una fuerza con la que cortar la línea francesa. Palafox
pasó el día 21 de junio a La Almunia con objeto de reunirse con el barón
de Warsage, que había formado dos batallones, y su hermano Francisco Palafox
con los restos de su ejército, lo que representaba contar con unos 3 o
4.000 hombres.
El plan de Palafox era salir de la Almunia, marchar a Epila y, desde allí,
a Zaragoza. No estuvieron de acuerdo todos los miembros de la Junta militar
reunida en la Almunia para estudiar el plan a seguir. El propio Francisco
Palafox era contrario a salir hacia Epila y no escaseaban quienes propiciaban
marchar hacia Valencia ante la inseguridad en el éxito de sus acciones.
Palafox exhortó a todos a cumplir con su deber y ofreció pasaportes a
quienes decidiesen marchar, pero nadie aceptó el ofrecimiento.
José Antonio Armillas
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