Para conocer bien la piel de toro se dedicó a viajar por toda España en vagones de ferrocarril de tercera clase, codeándose con los míseros y hospedándose en posadas y hostales de mala muerte, y aun recurrió al coche de San Fernando. Se levantaba con el sol y escribía regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma le hacía perder el tiempo. Después salía a pasear por Madrid a espiar conversaciones ajenas (de ahí la enorme frescura y variedad de sus diálogos) y a observar detalles para sus novelas; no bebía y fumaba sin cesar cigarros de hoja. A primera tarde leía en español, inglés o francés; prefería los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides, a los que se conocía al dedillo; en su madurez empezó a frecuentar a León Tolstoy. Después volvía a sus paseatas como no hubiera un concierto, pues adoraba la música y durante mucho tiempo hizo crítica musical. Se acostaba con las gallinas y casi nunca iba al teatro. Cada trimestre acunaba un volumen de trescientas páginas.
Ingresó en la Real Academia Española en 1889, contestándole Menéndez Pelayo. A los pocos días le correspondió a él contestar al discurso de su gran amigo, José María de Pereda. En 1890 y 1891 fue reelegido diputado por la misma circunscripción antillana. Habiéndose unido a las fuerzas políticas republicanas, Madrid lo eligió su representante en las Cortes de 1907; en 1909 fue jefe, junto a Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista; pero él, que « no se sentía político« " se apartó enseguida de las luchas « por el acta y la farsa« " y se dedicó de nuevo a la novela y al teatro. En 1919 se realizó una escultura suya, reconociéndose su éxito en vida. A pesar de su ceguera pidió ser alzado para palpar la obra; lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la escultura. Cargado de laureles y ciego, el indiscutido gran novelista español del siglo XIX murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid el 4 de enero de 1920. El día de su entierro hasta 20.000 madrileños acompañaron a su ataúd hacia el Cementerio de la Almudena.
Los Episodios Nacionales son una colección de cuarenta y seis novelas históricas escritas por Benito Pérez Galdós que fueron redactadas desde 1872 hasta 1912. Tratan la Historia de España desde 1805 hasta 1880, aproximadamente.
La primera parte (1805-1814), trata de la España dominada en principio
por Francia y luego en la guerra de la Independencia, desde la batalla
de Trafalgar hasta la derrota de los ejércitos franceses.
Los episodios, A excepción de Gerona, siguen las andanzas aventureras
y amorosas del muchacho Gabriel de Araceli
Uno de sus diez títulos es Zaragoza del que proponemos su lectura:
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