La seguridad que se tenía en Zaragoza a fines de mayo de 1808
de que los franceses llegarían mas pronto que tarde con el fin
de aniquilar la resistencia de los aragoneses, era asumida por toda la
población. Zaragoza no era una ciudad fortificada, lo que dificultaba,
su defensa sin proceder previamente a la construcción de fortificaciones.
Pero, por otro lado, hacer frente a los franceses en campo abierto era
una temeridad, dado que el volumen de fuerzas francesas era muy superior
al que podía aprestarse por parte aragonesa.
Las fuerzas e las que se disponía a fines de mayo no eran suficientes
para detener el avance de los imperiales. Era preciso convocar a todo
el Reino mediante una proclama por la que Palafox se dirigía a
todo el reino de Aragón el día 27 de mayo haciendo saber
la condición de su mando por el voto general de los zaragozanos
"”palabras con las que inicia su arenga"”, disponiendo el estado
militar y ordenando la formación de compañías de
100 hombres mediante alistamiento en el hospital de Convalecientes desde
el día 29 de mayo. Fuera de Zaragoza, los corregidores deberían
hacer lo propio, comunicando con urgencia el número de efectivos
con los que se podía contar. Cuantos hubieren servido en el ejército
con anterioridad, deberían presentarse de inmediato ante su corregidor
o el oficial de mayor graduación en la plaza de su residencia.
Se establece que todos los alistados debarán percibir 4 reales
de vellón diarios de prest desde el momento de su alistamiento
Zaragoza dependía de Aragón.
No iban a escasear los problemas. La falta de oficiales "”por inexistencia,
indisponibilidad o imposibilidad física"” para hacerse cargo
de los alistados, su encuadramiento e instrucción por mínima
que fuese; falta de armamento y munición; e imposibilidad de no
pocos municipios de hacer frente a los gastos inherentes al prest de los
alistados, dada la precariedad crónica de sus haciendas locales.
Palafox ordenó el traslado de los alistados a Zaragoza con objeto
de paliar tales problemas, pero se produjeron otros derivados de una psicosis
de inseguridad de aquellos pueblos que se sentían desprotegidos
e indefensos ante la marcha de sus mozos a la capital del reino y ante
la desbandada de brazos, necesarios e insustituibles para la ya inmediata
recolección. Menudearon, pues, los incidentes en las Cinco Villas
"”Ejea, Biel y Sos, principalmente"”, que motivaron el bando
de Palafox del 18 de junio ordenando que los mozos volviesen a sus pueblos
para llevar a cabo la recolección de las cosechas, lo que produjo
no poco desconcierto ante la diacronía con que llegaban las órdenes
desde Zaragoza.
Ante la insuficiencia de armas, se recurrió a las armas blancas
y de fuego de propiedad privada. Aun así, no pudiéndose
encomendar la defensa de Zaragoza unicamente a sus habitadores, numerosos
voluntarios de todo Aragón llegaron a la ciudad del Ebro para contribuir
a su defensa.
El total de los defensoresc on que contaba Zaragoza a primeros de Junio,
según afirma Alcaide Ibieca, era de 8.863 hombres y 90 caballos.
El armamento de tan heterogéneo componente humano no se diferenciaba
gran cosa del carácter dispar de quienes empuñaban las armas.
Todos los ciudadanos que estuviesen en posesión de armas, estaban
obligados a presentar una relación con sus características
ante el regidor Miguel Navarro. Seis días después se reiteraba
la orden, ampliada a todo el reino e incrementada con el número
de caballos disponibles, arneses, sillas de montar y demás arreos,
amén de mulas, asnos y carros, debiendo comunicar también
el estado de los depósitos de grano y las unidades textiles que
los mercaderes de lienzo podían poner a disposición de las
autoridades con destino a la uniformidad de los enganchados.
Las más elementales disposiciones defensivas exigían conocer
la ruta que iba a seguir el ejército enemigo en su ofensiva contra
Zaragoza. De los informes con que pudo contar Palafox en los primeros
días de junio se podía colegir que los franceses llegarían
de todas partes menos del Norte sobre el que la más elemental estrategia,
dada la natural y potencial proximidad del enemigo hacía más
lógica su presencia.
José Antonio Armillas
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27 de mayo de 1808. Bando del General Palafox: Ver