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A lo largo de un año como el presente en el que todos hacemos memoria de los gravísimos sucesos ocurridos hace doscientos años en Europa, en España, en Aragón y especialmente en Zaragoza, es de general aserto aceptar que 1808 fue un año particularmente intenso en la historia de España. Tan sólo en unos pocos meses el Antiguo Régimen se tambaleaba en medio del descrédito a que había llegado la Corona, minada por la corrupción y el mal gobierno y se gestaba una nueva forma de estado empujada por las reformas impuestas por Napoleón, dueño de Europa, mientras que otras, más radicales incluso, se cultivaron en la España no ocupada ─San Fernando, primero, Cádiz, después─ que representarán el orto de la nación española.
Tal sucesión de acontecimientos, con la tremenda guerra desencadenada por la reacción de los españoles a las imposiciones imperiales, fue objeto en sus mismos días de una gran atención difusora de lo que aquellos terribles tiempos ofrecían a las gentes, concitándose contra ellas los cuatro jinetes del Apocalipsis. Estampas, dibujos e impresos inundaron los centros urbanos trasladando informaciones determinadas por motivaciones diversas, abundando la sátira política, la más descarnada crítica sobre actitudes y la cruda realidad cotidiana de la violencia que encontraría en Francisco de Goya el más certero corresponsal de guerra escandalizando a su tiempo y al nuestro con el tremendo realismo de sus “Desastres”.
Cien años más tarde, desarrollado el llamado “Séptimo Arte”, cuya partida de nacimiento se fija el 28 de diciembre de 1895, las campañas napoleónicas en Europa y, entre ellas, la Guerra de la Independencia en España, serían objeto temprano de la atención de los cineastas. Teniendo en cuenta que se han conservado muy pocas películas de la época arqueocinematográfica ─”La presa di Zaragoza”, del italiano A. Ambrosio (1911), por ejemplo─, parece justo citar la realización de Abel Gance sobre Napoleón (1927) donde el que es considerado como líder de la escuela impresionista francesa hizo de su película uno de los productos más clásicos del cine mudo en cuyo rodaje aplicó sorprendentes innovaciones de las que la utilización de tres pantallas y tres proyectores simultáneamente en algunos fragmentos ─Polyvision─, le permitía presentarla a modo de tríptico.
En España, aquel mismo año, el santanderino José Buchs rodaba “El dos de mayo” que se conserva restaurada e íntegra en la Filmoteca Española, y cuyo argumento, basado en el levantamiento del pueblo madrileño contra las tropas del mariscal Murat, se teje en torno a una turbulenta historia de amor. Al año siguiente, 1928, el gran realizador de la Almunia de doña Godina, Florián Rey, rodaría su “Agustina de Aragón” de la que no se conservan más que algunos segundos, mientras que Modesto Alonso conmemoraba el centenario de la muerte del pintor de Fuendetodos con su película “Goya que vuelve”.
A partir de entonces se irán desgranando hasta nuestros días una treintena de títulos sobre la Guerra de la Independencia, y otras bajo la forma de series y miniseries para televisión.
Casi todas las cinematografías europeas y de Estado Unidos han dedicado atención al tema, la última de ellas es “Dos de mayo” de José Luis Garci, estrenada en octubre de 2008.