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Investigación y Documentación

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Pintura:

:: La escultura privada y monumental de Los Sitios (José Antonio Val Lisa)
:: Los Sitios de Zaragoza vistos a través de la pintura contemporánea aragonesa (José Antonio Val Lisa)
:: Academia General Militar: el origen del primer Museo de Los Sitios de Zaragoza (Luis Alfonso Arcarazo García)
:: Ruinas de Zaragoza (José Luis Cintora)

Si la fortuna iconográfica de un asunto depende tanto de la trascendencia y alcance de su significado como de los principios que rigen el arte de la época en que se desarrolla, pocas veces se han podido dar unas condiciones tan favorables coma las que provocaron la profusión del tema de la Guerra de la Independencia en la pintura española del siglo XIX, al coincidir la trascendencia del tema con la nueva dimensión social del arte. La trascendencia histórica queda claramente reflejada en el hecho de que se tome siempre como punto de partida de la España Contemporánea, desempeñando el mismo papel que se atribuye a la Revolución Francesa en sentido universal, y provocando, al igual que ella, el despertar de la conciencia histórica y el consiguiente sentimiento de "orgullo nacional" como sintetiza Modesto Lafuente al recoger el levantamiento general de 1808: "¡Grandioso y sublime espectáculo, cual rara vez le ofrecen las naciones, cual rara vez presencian los siglos!" . Se explica así la atracción que siempre ha ejercido no solo históricamente -lo constata claramente la abundantísima bibliografía que hay al respecto, sino también como generadora de numerosas manifestaciones plásticas y literarias rebosantes de un significado patriótico nacional.

La dimensión evocadora de estos temas se identifica con los ideales de una sociedad que actúa, con palabras de Julián Gállego, con "un narcisista afán de verse reflejada y mejorada con la garantía del pasado, ilusoriamente tomado por garantía de futuro" . De esta forma la interpretación social del arte con una función didáctico-moralizante, herencia manifiesta de la Ilustración, se ve enriquecida con la dimensión nacional aportada por el Romanticismo. Con ello se justifica la ayuda y protección que le prestará el Estado, a la vez que, en correspondencia, exigirá una adecuada respuesta por parte de los artistas, como puntualiza Federico Villalva:

"Se hace menester que el artista se apodere del sentimiento público, y lo traduzca en hechos plausibles, o que se apodere de los hechos y los impregne del sentimiento hondo que los ha producido. El arte fácil es tan detestable como la literatura fácil, y sus cultivadores si, como Gisbert, Casado, Vera y Puebla, tienen talento, serán merecedores siempre de la mayor censura" .

En consecuencia, con estas exigencias, el éxito de las obras no depende sólo de la calidad artística de las obras sino también de su capacidad para llegar al público.

La Guerra de la Independencia generó manifestaciones artísticas desde el momento trágico de su estallido, aunque las primeras no tienen precisamente una finalidad artística, sino la de sostener y animar el espíritu combativo del pueblo, es decir, convertirse en un arma más de la resistencia del pueblo contra el invasor. Son manifestaciones quizá no muy acordes con los cánones del arte culto, pero en cambio, responden plenamente a la primera exigencia del arte, la de ser un medio de comunicación y, como tal, se las valora hoy. Dichas manifestaciones, por las limitaciones y condiciones de su nacimiento se reducen al medio más espontáneo, rápido, económico y de mayor difusión: el grabado y las estampas. Son muy simples, con la tradicional división en buenos (el sufrido y heroico pueblo, con abundante presencia femenina) y malos (el cruel y despiadado invasor), por lo que es normal la inspiración en composiciones religiosas precedentes. Tampoco faltan los que recurren al sarcasmo y a la sátira mordaz como fórmula de desahogo de la impotencia del oprimido y dominado como muestra de su exaltación exuberante y, a veces, despiadada cuando se convierte en vencedor. En este caso encierran todo un muestrario de comportamiento popular que va desde el desdeñoso menosprecio a la crítica denigrante.

Enlace: “La revista que el mundo, publicó con motivo del 250 aniversario del nacimiento del pintor, Francisco de Goya y Lucientes”.