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Contexto Histórico

Contexto Histórico (1789-1809) | La Guera de la Independencia | Los sitios de Zaragoza | Los Sitios de los Sitios | Los Personajes | Las Epopeyas | Los Sitios en la Memoria | Constituciones
 

EL PUEBLO

.Es innegable que lo que caracteriza a la Guerra de la Independencia es el protagonismo del pueblo, “en el sentido más humilde (pero nunca ruin, que en España no hay pueblo-bajo) se entiende el común de ciudadanos que, sin gozar de particulares distinciones, rentas ni empleos, viven de sus oficios, y aunque no ejerzan los de república, tienen opción a ellos y a los más altos destinos y condecoraciones con que la patria remunera el mérito y la virtud”. Y este protagonismo lo es más en los Sitios de Zaragoza, sobre todo en el primero.

Sin embargo, no debemos dejarnos cegar por la literatura apologética, dice Aymes, "que ha insistido demasiado en el fervor y en la unanimidad del pueblo español en armas”. El pueblo aguanta, por un lado, la coacción del esfuerzo de guerra en forma de raciones, impuestos, bagajes, cargas, etc. con resignación de siglos, pero también se lanza con furia de mil modos contra los franceses, deserta o asesina a sus compatriotas. Es cierto, y más en Zaragoza, que el pueblo sigue a jefes salidos de sus filas, y que éstos mandan en la calle unos días, pero no lo es menos, como se ha puesto de manifiesto, que pronto otros acabarán con la aventura, con los desmanes de la plebe, en expresión de Toreno. Palafox mandará que no haya más alborotos, que se imponga el orden sobre el desorden.

Por igual conservadores y liberales magnificarán la actuación del pueblo; los conservadores:
El pueblo llano fue quien levantó el estandarte de la libertad, arrastrando dos opresiones a un tiempo. El principió la gloriosa defensa sin preparativos. A su impulso deben las clases distinguidas o ilustradas el no haber titubeado y claudicado más.

Los liberales glorifican al pueblo desde otra perspectiva:
Sola la plebe levantó el furioso grito de libertad ... Sola la plebe, ese agente a quien los grandes en su fanático orgullo llaman baxa; a pesar de encontrarse entre ellas almas elevadas sin número, capaces de toda la sublimidad del heroísmo. Sola la plebe aterró al tirano: los grandes le alentaron. Sola la plebe destrozó impávida las cadenas el 2 de mayo: los magnates, despavoridos, reputaban por empresa temeraria resistir al bárbaro opresor. Sola la plebe, sacudida instantáneamente por todas partes de un efluvio eléctrico, buscó armas, insultando a los franceses: los grandes permanecieron indecisos: sola la plebe, arrebatada de un santo furor, arrancó victorias a los enemigos en la primera campaña: atónitos los grandes apenas se resolvían a creer lo que estaban viendo.

Pero, al final, este pueblo heroico continuó trabajando y pasando hambre, sólo que, ahora, en vez de morir defendiendo la puerta del Portillo, Santa Engracia o Torrero, morirá rodeado de su familia y de la miseria que le había acompañado antes, durante y después de los Sitios de Zaragoza.